¿Es posible un pacto con el Diablo desde el punto de vista estrictamente legal?


J.A. Fortea

Este escrito es un trabajo teórico presentado por el padre Fortea en la asignatura de Derecho Civil cuando se trató el tema de los Derechos y las Obligaciones. En principio sólo se pedía un resumen, pero él con lo aprendido creó un caso ficticio. Este escrito había sido precedido por el trabajo de esa asignatura en materia de sucesiones y que aparece en esta web.

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introducción del trabajo original:

En este segundo trabajo me propongo un tema teórico y no práctico, a diferencia del primero que era eminentemente práctico y concreto. La cuestión que me planteo es qué argucias habría que usar para encuadrar en nuestro Código Civil algo tan imposible como vender el alma al Diablo. De hecho esa es la cuestión que afronto como objeto de disquisición: ¿sería posible alguna treta para hacer un contrato de venta de alma al Diablo y que fuera legal según nuestro Código? De por sí es imposible, ahí está el reto. Me centraré ante todo en los elementos esenciales del contrato según nuestro Código Civil.

Las partes. El Diablo no tiene personalidad jurídica en nuestro ordenamiento, así que alguien que sí que la tenga deberá representar sus intereses y soportar las obligaciones derivadas del contrato (si tal es posible). La parte que represente al Diablo aparecerá ante los tribunales como alguien que actua en nombre propio, y no en nombre del Diablo (lo cual produciría declaración de incapacidad por parte del tribunal con sólo mencionar el tema). La parte que venda el alma se llamará aquí Fausto, como convención, y la parte que representa al Diablo se llamará, Ivan, también como convención.
Como es lógico no creo que el Diablo se aparezca y le pida a alguien que formalice el pacto en una modalidad que compatible con el Código Civil. Pero alguna persona desequilibrada sí que podría tener tal pretensión.

Elementos. El art 1261 dice que no hay contrato sino cuando concurren los requisitos siguientes:
1. Consentimiento de los contratantes
2. Objeto cierto que sea materia de contrato
3 Causa de la obligación que se establezca

Lo relativo al consentimiento no plantearía problema alguno a la legislación que regula este ámbito, pues ambas partes pueden querer tal contrato. Y ambas pueden desearlo sin error, ni dolo, ni violencia.
Tampoco plantea problemas el que una de las condiciones que pone el legislador sea la posibilidad, art 1272 "no pueden ser objeto de contrato las cosas o servicios imposibles". La venta del alma puede considerarse como imposible, pero no así la renuncia a Dios que sí que es algo posible, pues entra dentro de la libertad humana hacer tal cosa. Por este capítulo no se podría anular el contrato.
Otra condición es que el objeto ha de ser determinable, art 1273 "el objeto de todo contrato debe ser una cosa determinada en cuanto a su especie". La venta del alma no es determinable, pero la renuncia a Dios sí que podría determinarse y concretarse en una formalidad pactada de antemano.

Otro problema para formalizar el contrato de un modo público y legal nos lo encontramos en lo que dicen Luís Diez-Picazo y Antonio Gullón en Sistema del Derecho Civil donde explican que la causa es otro de los elementos esenciales del contrato(...) El juez no puede amparar en nuestro Derecho la pretensión de un acreedor que exige el pago de una obligación, si ésta no se contrajo fundada en una causa que, además, sea lícita y moral. Lo manda el artículo 1275, a cutyo tenor; "los contratos sin causa o una causa ilícita, no producen efecto alguno. Es ilícita la causa cuando se opone a las leyes o a la moral".

Ciertamente es en el objeto del acuerdo (la venta del alma) donde encontramos verdaderos problemas, porque el objeto podría ser motivo para que el tribunal declarara que el contrato tenía una causa ilícita.
Según nuestro ordenamiento una de las condiciones del contrato es la licitud. El requisito de licitud se expresa en el articulo 1271 art 1271 exige "que no estén fuera del comercio de los hombres". Para los servicios "que no sean contrarios a las leyes y buenas costumbres". Renunciar a Dios sí que está fuera del comercio y, además, es contrario a las buenas costumbres.

Y, además del problema que origina lo anterior hay con que la mera presentación ante un tribunal del objeto del contrato podría ser motivo suficiente para provocar una investigación acerca de la capacidad (mental) de ambas partes. Así que el objeto del contrato deberá quedar oculto. ¿Cómo hacer esto? Se puede hacer una declaración privada y ratificada por ambas partes de que el objeto lícito que aparezca en el contrato será sígno de lo pactado en la declaración privada.

Es decir, en el contrato público se puede firmar por ejemplo que Fausto entregará una Biblia a Ivan en la que esté escrita de su puño y letra esta dedicatoria: te entrego lo que pactamos [firma]. Ambos previamente habrían pactado de palabra que tal entrega de instrumentos sería signo de la renuncia a Dios. Y que justo en el momento de la entrega de esa Biblia con esa dedicatoria se perfeccionaría lo pactado en el contrato. Y lo pactado en el contrato público sería signo pactado de lo convenido en un acuerdo secreto. Acuerdo secreto que por su naturaleza será indemostrable, pero el acuerdo verbal de las partes es lo que da sentido a objeto del contrato público.

La contrapartida por la venta de la Biblia con la dedicatoria (signo de lo pactado de forma privada) podría ser cualquier cosa, una cantidad de dinero, por ejemplo. La cantidad debería ser moderada puesto que si no el tribunal podría preguntarse que cuál es la causa de que se de una contrapartida tan alta por un bien material tan pequeño.
Pero mientras la contrapartida no llame la atención de un modo tan poderoso como para cuestionarse el entero asunto, los que han convenido el contrato no tienen por qué dar explicaciones pues el art 1277, dice que "aunque la causa no se exprese en el contrato, se presume que existe y que es lícita mientras el deudor no pruebe lo contrario".
De lo cual se deduce que si el contrato tuviera una fecha que obligara al cumplimiento de lo pactado y Fausto se echara atrás, sería Fausto el que cargaría con la carga de probar la causa ilícita del acuerdo. Su único camino sería la impugnación por negocio simulado. Ciertamente éste sería un negocio simulado, un negocio que ha creado una apariencia. Pero la acción de Fausto en orden a obtener la declaración del tribunal de "simulación" supondría que sería Fausto el que tendría que probar algo que le va a resultar imposible, pues se trata de un acuerdo verbal del que no hubo testigos. Acuerdo válido pero indemostrable.

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