Animalidad y sufrimiento


 

Pululen las aguas con un pulular de seres vivientes
Gen 1, 20


Hoy quisiera tocar un tema de gran complejidad, un tema sobre el que no poseo todas las respuestas: el sufrimiento de los animales. Me contentaré con plantear los interrogantes.
Es un hecho indudable para la Fe cristiana el que los animales no tienen alma. No voy a adentrarme ahora en disquisiciones académicas acerca de los sentidos menores de la palabra alma. Sería ocioso ya que en definitiva un dato aparece claro: los animales no poseen un alma inmortal que les sobreviva después la destrucción de su cuerpo. Este dato de la Fe es incontrovertible a la luz de la Revelación.

Ahora bien, observamos que unos animales tienen una vida llena de sufrimientos y otros animales, sin embargo, una existencia muy tranquila y placentera. No es lo mismo la vida de una vaca de establo que la de un perro doméstico. Es un hecho evidente que el sufrimiento de los animales es un sufrimiento auténtico. Y que unos tienen en suerte sufrir más y otros menos. Unos padecen muchísimo toda la vida, y otros nada. Esta diferencia de sufrimiento no se debe a la acción del ser humano, se da por obra de la misma naturaleza. En el caso de los seres humanos esta diferencia no plantea problema alguno, ya que en el más allá cada uno recibe consolación según sus sufrimientos. Pero en el caso de los animales no hay más allá, eso es indudable. Y allí justamente radica el quid de la cuestión.

Siguiente problema, en los mamíferos superiores observamos que cada animal tiene su propia psicología, aquellos que han tenido perros y gatos lo habrán observado infinidad de veces. Cada uno de estos animales tiene una psicología propia y cargada de matices. Y no sólo eso, sino que salta a la vista que unos animales son más bondadosos, otros más traicioneros, unos más cariñosos, otros más agresivos, etc, etc. Y no vale decir que esto se debe al entorno que les ha rodeado desde su infancia, pues estas diferencias se observan sin dificultad incluso en animales de una misma camada que siempre han vivido en una misma casa. Por supuesto no estoy diciendo que haya una vida moral en este tipo de animales, pero tampoco se puede negar que hay algo que presenta claras semejanzas con las características de eso que llamamos bondad y maldad, aunque a nivel muy primario.

Como se vé, estas cuestiones constituyen un tema complejo. Un tema que resultaría simplista solucionarlo por la vida de decir que los animales son como meras máquinas, sólo que biológicas. Y que por tanto su sufrimiento es meramente aparente. No obstante, tampoco resultaría aceptable, por ser contradictorio contra la Fe, resolver esta compleja cuestión dotando a los animales de alma. El cielo de los gatos y los perros sólo existe en las películas de Walt Disney y de la Warner Bros. Cuando un ser sin alma muere no hay consciencia que perviva a la destrucción de sus neuronas.
En fin, me contento con plantear estas cuestiones para que no parezca que esta revista sólo ofrece certezas y respuestas, hoy me he contentado con plantearos interrogantes. Interrogantes cuya solución no desconozco. Planteo estas cuestiones sabiendo de antemano que la respuesta a muchas preguntas sólo encontrará satisfactoria respuesta en la visión de Aquel que ha creado a todas las criaturas.

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