El libro en la Biblia
La Biblia es un libro, eso parece obvio. Esta afirmación probablemente no la pondrá en duda ni el más ateo de sus lectores; me imagino. La Biblia es un libro formado por libros en el que pululan otros libros. Esta afirmación ya es más compleja. Pero observemos que aparece en la Sagrada Escritura el Libro de las Guerras de Yahveh (Números 21, 14) este es uno de esos libros mencionados en la Biblia; mencionados y perdidos. Hay más libros mencionados y perdidos. No deja de ser interesante que la Palabra de Dios nos remita para siempre, hasta el fin de los siglos, a ese libro, justamente el que nunca podremos leer.
También es curioso que en un versículo de la Biblia se diga que se encuentra un libro (2 Cro 34, 14) y que ese libro es ni más ni menos que parte de la Biblia. Esto se produjo en las obras de restauración del Templo en tiempos de Josías Es interesante que en esas obras se hallara ese rollo, porque en cierto modo es como si un libro nos dijera que en un momento dado se halla parte del mismo libro. El libro se reencuentra a sí mismo.
La Biblia es un libro en el que se escriben libros (Is 30, 8, entre multitud de ejemplos). La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios a veces dice que se escriba un libro. Un libro dentro del libro. La palabra escrita dice que se escriba, y la palabra escrita pasa a formar parte del escrito. En el Corán todo es más sencillo, Alá empieza a hablar y ya no para. En el Cristianismo, el Texto Esencial (la Biblia) es un edificio mucho más laberíntico.
Además, en este Libro hay libros cerrados (Ap 5, 1), perfectamente clausurados (con siete sellos), libros que se destruyen (Jr 36, 23), visiones de libros que vuelan (Zac 5,1) y que se comen (Ez 3,3). La palabra escrita real y la palabra escrita como visión aparecen en la Palabra de Dios. La materia y la visión, el hecho real y el hecho místico, todo forma parte entrelazada de una sola historia contada en un solo Libro.
A veces el dedo de Dios escribe directamente sobre piedra todos sus mandatos, a veces envía una mano que sólo escribe tres palabras: Mené, Tequel, Parsín. Sí, la Biblia es un libro admirable, con recodos donde habita el misterio, con enigmas que habitan en sus páginas. Es un libro compuesto de libros, donde pululan otros libros, sobre el que se escriben infinitos libros. Muchas veces he pensado que la Biblia es la Biblioteca de Babel (Borges) condensada. Toda esa inmensa y formidable biblioteca infinita condensada en un sólo libro. Un libro escrito por una inteligencia infinita. Nada en un texto así puede ser vano, nada superfluo, nada carente de sentido, todo en él es menos anecdótico de lo que parece. Las infinitas glosas rodean sus versículos.
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