La fecha del fin del mundo


Pocos temas bíblicos interesarían tanto al común de los creyentes como conocer la fecha del fin del mundo. Saber si se está cerca, saber si se está lejos. La Sagrada Escritura nos da mucha información acerca de los últimos tiempos, pero no nos dice ni una palabra acerca del tiempo concreto, acerca de la fecha. Es más, no sólo no nos dice la fecha, sino que si algo se nos dice es que no hay manera de conocer la fecha. A pesar de lo que se nos dice en las películas, en las novelas, no hay manera de poder calcular esa fecha. Podemos afirmar con total seguridad que la fecha no es calculable, porque no se da pie en la Sagrada Escritura a ofrecer algún tipo de número que permita dar comienzo a cálculo alguno.

En la Biblia lo único que se hace es dar signos del fin de los tiempos. Es decir, se dan los signos que permitirán a los cristianos de la última generación reconocer que están en la última generación. Pero de la fecha, ni poco ni mucho. Lo mismo pueden faltar 50 años para ese día y ese año, que un siglo, que dos siglos, que un milenio, o más. Probablemente jamás pensó un San Ambrosio o un San Agustín que quedaban (al menos) 1500 años de historia.
Cada generación puede ser la última, cada generación puede ser la destinada a presenciar la segunda venida de Cristo. Sin embargo, los signos del Apocalipsis son claros y cualquiera que lea ese libro comprobará que esos signos no se dan hoy día. Los signos son claros porque se han dado como señal para alertar de su próxima venida, y esos signos no se dan en la actualidad, porque no basta que se de este signo o el otro, sino que cuando llegue el día se darán todos los signos uno tras otro. De la misma manera que cuando llegó el Mesías, las profecías se cumplían en El, así también cuando llegue el tiempo del fin, los cristianos reconocerán los signos de los tiempos. Y los reconocerán porque Dios dió esos signos para reconocer ese tiempo. De la misma manera que dio las profecías del Antiguo Testamento para reconocer al Mesías en su primera venida.

Debo reconocer que resulta llamativo imaginar que un año será el último año de la historia. Que un día será el último día del calendario. Que una generación será la postrera. Que algún hombre será el último en nacer en este mundo.

Hay que reconocer que el libro del Apocalipsis resulta el más literario, el más enigmático, el más complejo de toda la Biblia. Digno colofón a un libro escrito por una inteligencia infinita. Sin darnos una fecha del comienzo de todo... sin darnos una fecha del final de todo...

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