Sexo y salvación


 

Todos podemos constatar dos hechos. 1º Se extiende poco a poco entre la generalidad de los cristianos de Europa Occidental la idea de que los pecados relativos al sexto y noveno mandamientos han dejado de ser pecados para pasar a ser algo así como unas meras recomendaciones que nadie sigue. 2º Por otra parte es evidente que el la mayor parte de los cristianos jóvenes en esta parte geográfica de la Iglesia universal ha perdido la conciencia de pecado y que vive en esta materia según sus propios esquemas.

Me gustaria hacer algunas reflexiones tras estas constataciones. Lo primero de todo sería decir que el mensaje de Jesucristo no es un mensaje de este mundo. Sino un mensaje de parte de la Divinidad a la humanidad. Al no ser una doctrina de este mundo, rigen en ella unos principios que no son mundanos, sino celestiales. Dios nos invita a una vida celestial. Una vida celestial que comenzamos a construir sobre esta tierra y que también aquí comenzamos a vivir, aunque sea in semine. Y en este nuevo modo de vida, las exigencias del espíritu se anteponen a las de la materia. Lo cual no significa que los impulsos de la materia sean malos, sino que los impulsos y pasiones de la materia deberán cribarse por el cedazo del espíritu, y no al revés. El espíritu juzga lo que es bueno, conveniente o malo de todo aquello que le que pide la materia. Pero la materia no puede juzgar al espíritu.
El sexo en sí no tiene nada de malo, ni de sucio, ni de pecaminoso. Sin embargo, Dios nos ofrece el don del sexo bajo una perspectiva diferente a la que tendríamos si lo consideráramos con unos criterios meramente humanos. Dios ante todo, por encima de todo, nos ofrece una vida espiritual. Y es inserto en esa vida espiritual como ha de entenderse el uso del sexo, y no sólo de la sexualidad, sino también de la comida, la bebida, de todos los placeres de este mundo, y del mundo mismo entendido en su totalidad.

El hombre nuevo que ha nacido de Cristo, el hombre redimido, ya no es un hombre meramente material, sino ante todo y sobre todo un hijo de Dios. Y la visión que nos ofrece el Creador de todos los bienes y goces materiales se antepone a cualquier otra consideración.
La visión que se tiene del sexo por parte de la generalidad de la sociedad es una visión intramundana.. Lo cual no es de extrañar, el mundo juzga las cosas del mundo según los criterios del mundo.. Pero ni este ni ningún otro asunto del espíritu entiende de mayorías. Los asuntos del espíritu son discernidos por los hombres más cercanos a Dios: los místicos. El hombre místico no decide nada en materia de doctrina, el hombre místico escucha. Y tras escuchar, obedece. La obediencia es la única respuesta razonable y adecuada tras la escucha de Dios. Escuchar la voz de las pasiones supone ser un hombre mundano. Escuchar a Dios nos conduce a ser hombres místicos. La escucha de Dios y la escucha de las pasiones son contradictorias. O seguimos a Dios o seguimos las pasiones. Quien a Dios tiene nada le falta, pero quien sigue a las pasiones se sentirá vacío. Los frutos del ascetismo, de la virtud de la fortaleza, del propio dominio, son dulces, aunque sus raíces sean amargas.

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